El
pasado sábado 30 de junio de 2007, se llevó a cabo en la Ciudad de
México la 29º edición de la Marcha del Orgullo Gay. Debido a los
problemas de organización durante su inicio, los medios de
comunicación hicieron estimaciones dispares respecto a la cantidad
de personas que asistieron a esta importante celebración de la
comunidad LGBTT de la capital del país. Unos hablaron de 15 mil,
otros de 30 mil y otros simplemente hablaron de decenas de miles de
asistentes.
Desde
nuestra particular perspectiva, no nos atrevemos a calcular una
cifra; pero sí podemos asegurar que en esta ocasión vimos una marcha
diversa, fragmentada y hasta dispersa, lo que es sintomático de las
condiciones mismas por las que en la actualidad transita el
movimiento gay mexicano. Ausencia de liderazgos visibles, carencia
de consignas con verdadero poder de convocatoria y,
desafortunadamente, organizaciones civiles debilitadas por la
descomposición social de la que adolece el país.
A pesar
de todo ello, la certeza de que nuestros derechos son legítimos y de
que no debemos bajar la guardia para defender las conquistas
alcanzadas, continúa detonando, año con año, a ésta, la gran reunión
de la comunidad LGBTT a lo largo de sus principales avenidas, en sus
plazas y monumentos.