Hay
agrupaciones que año con año participan en la Marcha Gay de la
capital mexicana, como -entre muchos otros- el Club de Osos, los
Leathers, el Closet de Sor Juana o los clientes asiduos de las
discotecas y clubes nocturnos de la ciudad. Pero este año fue
notoria la asistencia de miles de personas en lo individual,
acompañados por el grupo de amigos o la pareja, pero no cobijados
por su membresía a alguna organización civil de ningún tipo.
Los
liderazgos al interior de la comunidad LGBTT están diluidos,
palidecidos y menguados, quizás por el irrefrenable cambio
generacional, pero -desde luego- por el daño que han infringido al
movimiento los intereses mezquinos de comunicadores ambiciosos e
irresponsables, representantes sociales corruptos e individualistas,
y -sin duda- la descomposición y transformación del fenómeno
político en México.