... Esta noche -tiemblo al decirlo- le tenía en mis
brazos,
estrechamente apretado contra mi pecho,
cubría de
besos sin fin sus labios que murmuraban palabras de amor
y mis ojos se sumergían en la embriaguez de los
suyos!
¡Dios!, ¿merezco castigo si todavía ahora
experimento una felicidad celestial
al recordar esos ardientes placeres,
al revivirlos en lo más profundo de mi ser?...
Werther,
(citado en
Fragmentos de un Discurso
Amoroso, Roland Barthes)