Al
llegar al majestuoso y blanco Palacio de las Bellas
Artes, estamos en la puerta de entrada al Centro
Histórico de la Ciudad de México. Sus estrechas calles
donde se levantan regios palacios y casonas coloniales
(como la de los azulejos), anteceden el acceso a la
plaza política más importante de México: el Zócalo. Es
un estrecho paso en el que, hombro con hombro, cientos
de hombres y mujeres, jóvenes y maduros, caminan varias
cuadras y finalmente desembocan -como en un parto- en la
enorme plancha de la Plaza de la Constitución.
En esta
ocasión, y gracias al enorme esfuerzo coordinado por
COMAC y de diversas organizaciones del colectivo gay, el
acto político fue el más vistoso que se halla tenido en
años. Grupos musicales juveniles (como Neurotika, Click
y Proyecto G) precedieron la lectura
del
discurso de la marcha; después, se presentó a los
candidatos de elección popular que buscan representar a
la comunidad gay que contienden actualmente por diversos partidos políticos; y,
finalmente, apareció en escena la reina de la Marcha del Orgullo
Gay de 2005, la cantante regiomontana Gloria Trevi, quien después de
una espléndida actuación (regalada por el
Grupo Cabaretito), recibió y pasó la corona
a Rocío Banquells, reina de la Marcha del Orgullo Gay
2006.
Un
día inolvidable. Otra vez, volvimos a salir.