Estoy aprisionado en esta
contradicción:
por una
parte, creo conocer al otro mejor que cualquiera
y se lo afirmo triunfalmente ("Yo te conozco.
¡Nadie más que yo te conoce bien!");
Y por otra
parte a menudo me embriaga una evidencia: el
otro es impenetrable, inhallable, irreductible;
No puedo
abrirlo, remontarme a su origen, descifrar el
enigma.
¿De dónde
viene?, ¿quién es?
Me agoto; no
lo sabré jamás.
Roland Barthes